sábado, enero 11, 2014

Frutos del 20 de enero


Padre Nicolás Schwizer

El Padre Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, estando en la cárcel es declarado apto para ir al campo de concentración de Dachau. Se le abre la posibilidad de salvarse si pide un nuevo examen médico. Y el 20 de enero, toma la decisión de no aprovechar esa posibilidad e ir libremente a Dachau. Esta decisión regala una fecundidad inmensa. De los muchos frutos quiero nombrar sólo dos: la libertad interior y la solidaridad de destinos.

1. Libertad Interior. Schoenstatt ha comenzado su camino por la historia como movimiento de libertad. Una época cumbre en esa lucha de la Familia por la libertad es el tiempo de la prisión y de Dachau. El Padre Kentenich cuenta, después de su vuelta: El anhelo por la libertad exterior estaba en mí totalmente apagado, por amor a la Familia. La meta de conseguir para ella la verdadera libertad interior, me hizo fácil llevar las cadenas exteriores. Esta libertad interior quise asegurarle a la Familia para todos los tiempos. Y por eso Dios me dio a mí esa libertad interior en un grado tan extraordinario, he salido tan sano, física y psíquicamente, del campo de concentración.

Escribe en una de sus cartas: “Yo estoy preso por Uds.; con la entrega de mi libertad exterior estoy pagando la libertad interior de Uds.; y Uds. van a tener que pagar mi liberación exterior con su libertad interior, es decir, luchando por hacerse hombres interiormente libres, dispuestos a aceptar todo lo que Dios quiera en cualquier momento.”

El 20.01 y todo el tiempo de Dachau es un triunfo de la libertad, de la libertad interior sobre las fuerzas del mal: la entrega total del corazón al plan divino, a la voluntad del Padre, también y sobre todo en medio de la cruz, y a pesar de una falta de libertad exterior. Alcanzar la verdadera libertad ha quedado, desde entonces, como alto ideal para todos los tiempos de nuestra historia de familia de Schoenstatt.

2. Solidaridad de destinos. Aclara el Padre Kentenich: “Hemos de comprender la decisión (del 20.01) por la estrecha comunidad de destinos de los miembros de nuestra Familia.”

La Alianza en Schoenstatt no es sólo entre María y nosotros, sino también una alianza mutua entre el Fundador y sus hijos y de los hijos entre sí. Fruto de ello es una doble solidaridad: una solidaridad paterno-filial y una solidaridad fraternal.

2.1. Solidaridad paterno-filial entre el Padre Kentenich y sus Hijos. Dice en una de sus cartas desde la cárcel: “Yo no soy sólo un jefe, soy padre. Dios quiso que fuera padre y de mí dependen los demás. Yo he de pagar el precio por la Familia, porque la Familia depende de mí, porque yo soy su cabeza; ellos son como mis miembros y yo me arriesgo y me entrego por ellos como cabeza....”

Y la Familia se da cuenta de que el Fundador es realmente su PADRE, que da la vida por su Familia. Y esa experiencia del amor paternal despierta en sus hijos un fuerte amor filial hacia él, una unión indisoluble, fiel, solidaria. Es así como Schoenstatt se hace realmente FAMILIA.

Y es así como se inicia una extraordinaria irrupción de gracias. Pero la experimentan sólo aquellos que han cargado la cruz con él.

2.2. Solidaridad fraternal. Además, la Familia toma conciencia de la dependencia mutua de los hermanos. Y surge como fruto una fraternidad fuerte, de una gran fidelidad y solidaridad con el otro. Empieza a hacerse realidad la comunidad de corazones en la cual uno acoge al otro fraternalmente y le da un lugar privilegiado en su propio corazón. Esta realidad comienza a tomar fuerza en la Familia a partir del 20.01.42.

Queridos hermanos, creo que el 20 de enero debe ser no sólo un recuerdo, sino también una renovación del misterio de aquel día. Es una invitación a cada uno de nosotros a examinar: su actitud frente a la cruz, su libertad interior, su filialidad ante el Padre Kentenich, su solidaridad fraternal.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué entiendo por libertad interior?

2. ¿Soy solidario en mi actuar?

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